La espera

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La espera

Eva Cabo


Si los pasillos de los hospitales

fuesen como tú,

las esperas tendrían

una condición natural de almendra frita

con esa dureza propia de los domingos en familia

cuando van quedando menos domingos

y la familia va cambiando de manos.

Y así,

cuando alguien me preguntase en la comida

quizás sobrevolando ya la sobremesa

qué pasaría si los pasillos de los hospitales

fuesen como tú

yo podría dar una respuesta

que a todos saciase

este hambre perruna de perdón.

Pero estoy sola

en esta lánguida sala vacía,

cortándole las uñas a las horas

y aquí nadie sabe

de qué calibre es

el alma que espera entre anestesias

ni cuánta sed tiene

guardada en la recámara

del fusil de sus pecados.