En mi cabeza cada cabello piensa otra cosa

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Presentación del Taller de Escritua Poética
"En mi cabeza cada cabello piensa otra cosa"
 
Sábado 13 de septiembre
20.00 hrs.
 
Tu Look Salón Creativo
Puerto del Rosario
Fuerteventura

I

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I

Apuro el paso. Las turbulencias en el avión antes de aterrizar son una tontería si las comparo con las de mi corazón. Apuro el paso. En la secuencia del pasillo adelanto otras formas de llegar, otros zapatos que ya quieren aterrizar en la frondosidad de un abrazo largamente deseado. Los papeles de migración. Mi pasaporte. "Pásele". El señor de migración lee que voy a Oaxaca y me acerca su teléfono para que escuche. "¿Conoce?" "Es 'El feo'." "Música de mi tierra." "Adoro su tierra." "Bienvenida, señorita, que le vaya bonito."  "¡Ay! Muchísimas gracias. ¡Igualmente!" Apuro el paso. La maleta tarda en salir muy poco. Relativizo. Me parece demasiado tiempo. Camino como animal enjaulado. Violeta, la maleta, anochece sobre la cinta. Apuro el paso. Aduanas. aprieto el botón. Verde. Apuro el paso. Mi corazón es una migración de pájaros. Mi cabeza el espejismo de un dolor insomne. Apuro el paso. Meme, Lauri. Nicole. Apuro el paso. Lauri, Nicole, Meme. Apuro el paso. Nicole, Meme, Lauri. Mi corazón tiene cuatro años más que la última vez que conspiramos pero ahora que os vuelvo a ver vuela más alto.

(recuérdenme por qué titubeaban los cactus sobre el empedrado de la noche/ las sílabas de la constancia eran como señales de tráfico despertándose de un viaje/ bajábamos las escaleras del metro de dos en dos y corríamos con la conciencia descalza/ dejando atrás los diptongos de la noche/ convertidos ocasionalmente en estrellas fugaces)

II

Nicole labios pintados de rojo. Lauri llanto emocionado. Meme risa brota arroja la barbilla del miedo a un incendio de grillos. Abrazo a una, a otra, a otra. A las tres. Mitocondria diría Lauri. Tanta emoción sólo me puede llenar el corazón de estrellas. México mágico. Las brujas me reciben en el aeropuerto y el fuego baila tan adentro del miedo a quemarse que pensar en cenizas se convierte en una torpeza sublime.

Somos cuatro niñas atravesando el bosque de la noche. Simbióticas maneras de estar en el mundo nos salen al paso como obreros custodiando un tramo de carretera en obras.

El viaje es un cartel en una puerta "Vuelvo en 5 minutos".
El viaje es un broche en el pecho de alguien que no cierra.
El viaje soy yo sin tener que irme a ningún sitio ni tener que regresar a alguna parte.

III

El tratado filosófico referente a la importancia de la lechuga en la vida de los sopes y en la mía propia es algo que dejaré para otro día. Pero Lauri me preparó sopes para recibirme.
En su casa dos nuevas caras me bendicen con una sonrisa largamente esperada.

Podría bailar toda la noche sobre un comal encendido.

Lauri tus sopes son versos en mi boca/ Lauri este tiempo donde lloré nopales y mastiqué espinas/Lauri los soles como vosotras brillan incluso en noches estrelladas.

México lindo y querido

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                                  De camino al Festival Cuentos Grandes para Calcetines Pequeños

Como el sol al mediodía

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Aquella noche conocí a un hombre que me recordó a ti, con la perspectiva que dan –si la dan­– los años que pasan. Pretendía enjaular al Sol, ponerle grilletes y azotarlo con rayos de Luna. Me dijo que era una causa poética. Un acto de insumisión. Una rebeldía azarosa. Me pareció cursi. Un poco empalagoso,  incluso. Se lo hice saber y se ofendió como si nos conociéramos de hace tiempo. Me callé, precisamente por eso. El tiempo y yo nos metemos en líos por no detenernos –a tiempo–. Me callé y presté la atención deseada. Pareció notarlo y sacó una partitura poética de debajo de la lengua. La lengua que hablaba y la que se movía no tenían nada en común. Era tan atractivo que podía haber estado callado un rato. Pero su lengua quería llegar a un sitio para el que no estaba preparada. Me fui a dormir cuando la camarera apagó las estrellas. Lo dejé ensoñando un baño de nubes estelares. Al día siguiente mi cara de sueño y mi cuerpo recién levantado salieron de paseo temprano, guiados por la correa de Isla que, zalamera, daba los buenos días al mundo con sencillos lametones al aire. Un operario del ayuntamiento grapaba con esmero las aceras al suelo. Los filamentos de las bombillas contagiaban sus bostezos al dobladillo de las esquinas y su súplica de oxigenarse a las flores más perezosas. Yo todavía llevaba pegada en la nuca la respiración de nuestro último encuentro. No llovía sobre el mundo, pero sí sobre mi cuello. Caminé con Isla al borde del mar. Era noviembre y aún no llegábamos tarde a cualquier sitio. Al pasar por delante del bar el hombre poético estaba en aquella misma terraza con cara de circunloquio. Sentado a la deriva una pequeña palmera en flor le daba sombra y los buenos días. Guardaba en el lagrimal semillas de cilantro. Me miró y dijo “Definitivamente las jaulas sólo son para los sueños.” Por no llevarle la contraria Isla le hizo pis en un pie y su despreocupación canina nos sacó de allí enseguida. Antes de entrar en casa oímos a lo lejos el estruendo de un sueño que se cumple. Isla soltó un ladrido. Los perros saben de estas cosas. Las huelen de lejos. Las ven de cerca. Yo me suelo enterar cuando ya pasó todo. Me despierto en las películas cuando ponen las letras del final. Esas letras están hechas para la gente como yo “Uy, llegué a las letras”. Y parece que estamos menos perdidos. O nos lo parece a nosotros. Los perros en cambio parece que saben siempre a donde van. Y aunque no lo sepan siempre llegan a algún sitio y se alegran. Son como el Sol al mediodía. Se alegran. El Sol. El mediodía. Los perros. La alegría. Me pregunto si el hombre que me recordó a ti es de los que ladran o de los que se alegran.

Bienvenida

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Para mi Valiente Valentina, mi sobrina que acaba de llegar al mundo.



A esas alturas del invierno yo ya había resucitado tres veces y sólo se me notaba en el tono tierra del esmalte de uñas. Avanzaba por la vida como un guerrero que quiere pasar desapercibido para los animales miniatura. Un ejército de pitufos me pisaba los talones. Un gato pronunciaba mi nombre con tanta perfección que empecé a llamarme de otra forma. Fue así como aprendí a andar de nuevo. Fue que me nacieron otros dientes de leche y nuevas torpezas postmodernas que me acompañarían siempre los domingos. Un buen día volví a bailar bajo una lluvia de aerolitos verdes. Una carretera varada en medio de tu pecho, con mil destinos por delante y un invierno por detrás encañonándonos con un frío desterrado al que juramos no volver. Me tocabas y yo ardía como un sol que lo puede todo. Y volamos como en una canción que desata sensaciones de proximidad al infinito. Efímera eternidad la del abrazo. Poderoso silencio es el adiós cuando deja las noches pobladas de deseos primitivos y sueños de diseño. Poderoso silencio el que se calla como una nube de terminas que pulveriza una esquina del corazón. 

Polvo de estrellas. 

El conspirar del universo a espaldas de los tejados de las nubes. Un río de sílabas escapando calle adentro en el ladrido de un timbre. Los colores se tiñen de costumbre y aún así  siempre sorprenden, siempre esconden algo nuevo en ese mirar profundo como el caminar de un minero.


Un eclipse de luna al que bautizamos de otra forma presagiaba la valiente llegada de la niña ojos de noche. Me latía un corazón en cada poro. Me bailaba la sangre con ritmo de marimba. Mis pupilas buscaban en cada cosa que miraban una nueva forma de hornear la conciencia. El mes apuntaba maneras de amaneceres nunca vistos y prometía cosas mágicas que estaba dispuesto a cumplir. Diciembre era un estado de fuegos artificiales. El País de Peter Pan lleno de hornos y de árboles tiernos como croasanes recién hechos. Una carretera de cuento que sólo puede llevarte más lejos que el horizonte. Un infinito tatuado en el reverso de un beso. Era el acento de las mareas jugando a me quiere no me quiere en la orilla de una playa de botones de arena.


No te habíamos visto nunca y ya te queríamos para siempre.

Una sensación térmica de felicidad embargó al universo mientras yo lloraba de alegría.


Hágalo usted mismo

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El poder de la idea
(Poema collage)



Esta unión es otro síntoma
de cómo las fronteras entre los besos fugaces y las frases a medias
se pueden guardar en la nevera. Todo es química.
Sigues regalando chocolate del fondo del mar
mientras yo voy en las nubes y sin ver nunca.

Habíamos invertido muchas horas, días, semanas, meses enteros.
Habíamos declarado la guerra al ángulo recto.

El poder de la idea: hágalo usted mismo.

El Capitán tuvo razón
en intentar descifrar lo indescifrable
en cualquier ferretería de barrio.

Mira el mar
y las nubes y la vida pasando por delante.
El resto es cristal, el resto del mundo.
Cierta costumbre de gastarnos nuevas bromas.

Lo que me atrae es la curva libre de origen francés
como desde hace tanto tiempo, como desde hace un siglo
y esas cosas que no están sujetas a la escuadra y al cartabón.

Érase un fabricante de sueños de hormigón armado, un poeta espacial:
por si acaso, había salido corriendo. Podías oír cómo su corazón latía más fuerte
dejándote todavía sediento de respuestas a todas las preguntas sobre el cómo y el porqué.
"¿Llevas buena música?", le pregunté, "Nuestra vida está a punto de comenzar".

Es como cuando abres tus ojos por la mañana y ves a un ser querido o el mar
o un jardín con un árbol y un columpio y juguetes rotos de niños.

Hasta las cosas más fáciles tienen que aprenderse una primera vez.
¿Cómo se pica un ajo? ¿Por qué llora la cebolla? ¿Qué diferencia rehogar de freír? ¿Hogar de reír?

Todos estos eventos acústicos
niños paseando bajo la lluvia
un horno de pan
algo que está más allá del miedo
el lado más lúdico y canalla
el placer de compartir la vida de alguien
obsesión de curvas
un poema.

¿Qué más decir?

Aquel agosto tuve que empadronarme en la piratería.

Andariegos somos

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Desde hace meses no sabemos nada de ti. Mandamos postales sin remitente buscándote por todas partes. Arrojamos botellas de cristal al mar con mensajes tipo "Estamos en temporada de sardinas, ¿tú dónde estás?". Y nada. No perdemos la esperanza porque las cosas que no se ven  nunca sabes dónde están. El mundo sigue siendo un tablero enorme, un juego de parchis donde nos comemos unos a otros. Desde que te fuiste han pasado muchas cosas. A veces me siento al lado del jardín donde enterramos a Poeta e imagino que comemos cerezas y un yogur de vainilla. En esta parte del mundo los yogures de vainilla dejan a las cucharas tristes. Luego se les cae la sopa. Los fideos en el suelo se vuelven locos y fingen ser figuras geométricas señalando el camino hacia un lugar importante. Los lugares importantes son aquellos a los que siempre se puede volver, los que te envuelven de lejos, los que te revuelven de cerca.

Ayer llovió. La lluvia fue un escándalo de gotas secándose antes de tocar el suelo. Isla bailó descalza. Ahora duerme en el sofá a rienda suelta. Llevo toda la noche leyendo el pasado. Revisando cosas que escribí cuando mi nombre significaba otros jardines. El oasis de mi ojo derecho es un desafío para el izquierdo. Me siguen preocupando los domingos. Gasto el mismo número de pie. Tomo tanto café como antes. Y sueño con megáfonos. Todas las azoteas, los tejados y las antenas de las casas me recuerdan a Ciudad Paraíso. Allí la fruta era una bendición, los amigos una fiesta y el amor un delicioso plato de frijoles.

Estuve toda la semana pensando en trenes. El carbón de lo que pienso podría alimentar una locomotora. Los transportes públicos y yo seguimos haciendo piña. Cuando no hay lugar para el raíl hay que echarse a andar. Andariegos somos y en el camino nos encontraremos. Un día diré "Por ahí llegas".

P.d. Echaba de menos escribir. Ya me estaba quemando el infinito.


el señor lobo, pomelo y saúl

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a las funciones de la feria del libro me acompañan el señor lobo y pomelo

pomelo va a su aire: está enamorado, es elefantástico, les dice palabras bonitas a las fresas para que se pongan coloradas y vive debajo de una flor de diente de león

el señor lobo me hace tanta compañía que semanas después aún sentiré su presencia protectora, lo buscaré inconscientemente a mi lado al salir con isla de paseo, iré a la compra y meteré en el carrito sus yogures favoritos, pasaré dos veces la tarjeta de la guagua, pediré dos cafés: uno solo y otro con leche y dos madalenas

pero el señor lobo ya no estará porque se ha ido en misión especial a despedirse de saúl, a darle un abrazotote de mi parte y a decirle que aquellos cuentos, que aquellas risas, que aquel encuentro... que este coincidir en la vida fue todo un lujo y que lo echaremos tanto de menos que las fresas se ponen coloradas con solo pensarlo

abril elástico

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este mes de abril elástico, sencillamente insomne, desmemoriado, endémico
astrolabio esdrújulo y lisérgico
palabra invierno el frío de este malestar es como un mosquito estudiado


pasan de largo lobo lópez y los peces, lobo lópez y tres camaleones despistados
que me buscan en un campo de guerra
esta batalla que se libra de mí, se libra en mí, libra de mí un día par, un día paz, un día por semana
me descansa


me arrodillo y beso el suelo isla
furtivo caparazón que me cuelgan

una vez fui una lenta tortuga

otra vez al principio de un cuento que apunta maneras de fábula

todo es tan distinto a ti, tan distante a aquel camino que se bifurcaba en infinito
este ocho horizontal que peca cama de agua


el mar y esos fonemas de sal/ sol tus rayos son pronombres
yo soy un sujeto, sujétame la lengua que yo llego al fondo de nada


y la nada se ahoga en peldaños

alguien toca la aldaba de un corazón despellejado
los lobos siempre buscan un sabor conocido
un sabor lejano que persiste, insiste, dura
como una fruta que se cayó del árbol
para tocar el cielo de un paladar


pedalear ahora es lo que toca
 

Poema en la luna majorera

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poemaenlalunamajorera@gmail.com

Andando

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Dibujo: Sabela Díaz/ Texto: Eva Cabo

En el aire y no

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Hay cosas que no tienen que ver con el nivel mínimo de estudios.
El vuelo de aquel pájaro, por ejemplo, suspendido en el aire  y no
suspenso por picotear las preguntas de su compañero. Nosotras
peleando por migajas número. Un afán esférico por llegar más lejos.
Llegaba Alejandría con sus ojos pluma. Su faro iluminando noches
enredadas en las piernas de un vestido. Gemía un acordeón
mientras bailaban los pies de página. Ir. Venir. Multiplicar el fin
del mundo. Restarlo. Dime quién es mi superior que me quiero quejar.
"Por encima de ti, dices, hoy solo hay estrellas.
"


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Poeta y yo

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Poema en una pared, de Alejandro Gil

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la felicidad también es un lenguaje

el sol ayer

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entonces una se hace pequeña como el reverso de una cuchara vacía
como la cara de la sábana que se difumina ante el roce de un cuerpo
van cayendo las estatuas detrás de todas esas nubes,  y no importa
tanta descaro en las cosas que se insinúan y se mienten

las rejas, ahora, son cosa de la luna
descosidas, las estrellas, se quedaron temblando a la altura de tu boca

es un viaje sin retorno, esta vida
que decide por nosotros cuando plantamos miedosas dudas
en jardines que no nos corresponden

el sol ayer, era distinto:
tu canción una mágica secuencia de silencios pronunciados en el momento preciso

la obviedad de mi ser a veces se desborda
creía en lo certero del alfiler que apuntala el momento siguiente
en la sencillez del imperdible que no predice nunca su verdadera función
y estrecho se pierde un una noche que sangra
celofán, y una mentira que será siempre lo que es y no otra cosa

volvemos a lo que significa ser impecables
a echarte de menos sin precedentes
a fingir que no pasa nada cuando pasa todo
a resbalar sin hielo en la acera de enfrente
y quedarse largo tiempo mirando los zapatos de otro

en toda esta secuencia gélida
tiene mucha importancia que alguien me acompañe a buscar piedritas debajo de otros pies
sin preguntar cómo ni cuándo ni por qué
empezó esta querencia por lo roto, lo obvio, lo oxidado

volvemos a que las cosas importantes son las que una hace importantes
la mayoría de las veces sin saber por qué
aunque hay días en que todo apunta a aquel verano
y no sé cómo salir de las paredes de agosto:
algunas puertas, lo sé, hay que inventarlas

a veces una piensa en volver a desaparecer
perderse en la maraña de huesos y tendones que aquella ciudad me regaló
sin pedir más peaje que la curiosidad que me rizaba el pelo

se me volvió a caer el mundo de las manos
me tropiezo con cordones ajenos
me agacho y en el suelo
la florecita del poema de cortázar
quiere que la tome en brazos:
sonrío, este universo torpe como yo
que corto siempre el cable equivocado
que no sé parar a tiempo y me atraganto

qué hago al borde del puente de tus ojos
si me arrojaste desde él
y sólo fui un sonajero
al final de la noche

El sonido del Sol al caer en el mar

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La soledad esperando las olas
       sus superhéroes favoritos
             noche larga sin mayor daño.


Los borrachos andan rectos, son
los sobrios los que se tambalean
para no tener miedo a estar dentro.


Yo llevo peor el frío que los besos:
la próxima vez con lengua

graffiti de tiza
                       hasta el mar.






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aquella sed

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roto el principio
podría comenzar por cualquiera de sus trozos:

el viento esparce, incrédulo, profecías de hojalata

un aullido cósmico de espuma compite con la osadía de aquel faro

en la parte de atrás de casa
los niños de la urbanización juegan
me acerco a la puerta y los observo
juegan a una versión moderna del pañuelo
bastante aproximada a la versión de siempre

su aullido cósmico de risas compite con osadías más adultas

yo también jugaba ajena a las guerras del mundo
recortando letras al azar de los periódicos
para ver si así cambiaba el curso de algún río

la guerrilla de la tijera no obtuvo grandes resultados

las noches eran un cataclismo sonámbulo
arrodillados, los sueños
bebían cafeína de los charcos para mantenerse despiertos, desnudos
entre el frío que echaba de menos inviernos más profundos

la cama era una caja de cerillas, una puerta a un maravilloso país sin maravillas
pensaba los pasos que se alejan en la madrugada tal vez se acerquen a mí durante el día

pero las canicas de la infancia de pronto rodaron calle abajo
pies desnudos como estómagos hambrientos corrían tras ellas
se precipitaba un cambio de piel
una sequía dérmica

nos marcó aquella sed y el no saber qué hacer con ella

poema adolescente

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yo

yo, no entiendo nada
refugiada en las perífrasis del que se pierde a veces alguien se atreve a ir a buscarme

tú viniste hoy
y yo no te esperaba

se me llenaron las lágrimas de ojos

me puse triste como un iglú un día de playa
me puse triste como un sol metido en una jaula

no entiendo nada

hace meses que no escribo
hasta me evitan las palabras

existe un frío gélido que deja marcas más crueles que el invierno
los colmillos solitarios del que llora soportan un mordisco y un desierto

yo prefería escribir cosas livianas
sacar un pie por debajo de la sábana

caminar con los rizos al viento
el pelo alborotado de contento

pero viniste hoy
y yo no te esperaba

es la sed un laberinto
hambriento de huellas y pisadas

no lo veo
sólo siento
que yo
no entiendo nada