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los desertores que más duelen, son los ojos de una misma
la conciencia del hueso aterciopelado del melocotón quemadura de golpe

el silencio es un preso sin grillete que se tumba horizontal en su celda
le duelen las rodillas, la espalda y los codos
despeinado quisiera desdecirse de lo que nunca dijo
pero su propia condena va implícita en todo el eco que lo astilla

yo presentaré batalla en su nombre
dentro de mis paredes de aceituna

2 pájaros en el árbol:

Atticus dijo...

Con tu primer verso dejas muy claro ese mito tan estúpido y fanático al que llamamos (falsamente) coherencia personal. Nos pasamos la vida en cambio. ¿No lo hace el mundo?, ¿no lo hacen nuestros afectos?

Pero a veces lo denominamos deserción. Hay dolor en esta palabra, porque en todo devenir hay algo a lo que renunciar, y las heridas cicatrizan, pero no siempre bien, no siempre despacio.

Decía Nietzsche que la vida se ejemplifica en el dolor de la parturienta: es necesario para que el gozo exista.

Anaïs Abreu dijo...

Como me haces falta. Lo bueno es leerte y sentirte cerca.
Te adoro.

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